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COLUMBRETES: EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO.

La aventura del Catamarán a vela ha superado todas las expectativas. La magia nos ha rodeado dentro y fuera del agua, de día y de noche. De noche inolvidable, hechizada, casi de aquelarre. Esas noches de Columbretes…

31/07/2012


La página más consultada durante la semana ha sido la de la AEMET. Puntualmente, he procurado informarme sobre el estado del mar. Lo que menos deseaba era viento oleaje, algo que pudiera echar por tierra las grandes expectativas que tenía puestas en esta escapada. El día previsto para salir, las fuertes rachas de viento que se interponían en nuestra travesía llegaron a inquietarme, aunque, el fin de semana, aparecía sin viento y sin oleaje, incluso, en la página de Maldonado.

Y llegó el viernes. Y con el viernes, la preparación de equipos, de “catering” (la cena no está incluida) y la espera de los afortunados protagonistas de esta historia. Ya es tradición que en la mañana del viernes me acerque a la pastelería de la Oca para comprar los sándwiches. También es tradición el “cubiqueitor” de coches en el garaje. Y como no, parte imprescindible de cualquier escapada, es el cubiqeitor de equipos en la scubamóvil. Esta vez, ocho scubadictos y nueve equipos de buceo, lo que viene a ser un nivel intermedio de dificultad.

Más o menos puntuales, ponemos el motor en marcha y enfilamos por la calle de Eugenia de Montijo para hacer el recorrido típico al mar: A42, R4, AP36… Aquí paramos a comer y a permitir que los fumadores disfruten de aire puro con nicotina. Aún van todos despiertos porque Manuel se ha perdido muchas escapadas y hay que ponerle al día.

Buscando un lugar donde hacer la segunda parada llegamos a Valencia y nos metemos en un atasco. Al parecer un camión ha volcado, ha salido ardiendo y han cortado la AP7. Bueno, no importa, teniendo en el coche informáticos dotados de iphones y/o similares, no resultará complicado hallar una alternativa. Desgraciadamente, hacemos caso a la opinión de Manuel y a su teoría de carreteras convergentes. Tras un paseo por plantaciones de cítricos, y, una vez descubierto y añadido como punto de interés el “Queen” volvemos a la AP7, confluyendo en el mismo punto donde la abandonamos, justo en medio del atasco. ¿Tú también te has dado cuenta de la diferencia entre converger y confluir, verdad?. No obstante, escucho la frase “eso te lo tuneo yo en dos patadas” refiriéndose al TOM-TOM, al menos cuatro veces.



Ahí sigue, en el salpicadero de la scuba, donde lo dejé.

 

 
Paramos en el área de servicio de Sagunto, para tomar un café “especial” de esos de promoción que van a producir en Manuel una convergencia gástrica que confluirá en el bar de Benicarló donde nos espera Jorge. También esperamos a Leopoldo que llega desde Barcelona dispuesto a estrenar equipo de buceo.

Disfrutamos de una charla agradable recogiendo las opiniones de los supervivientes que han terminado su aventura hace tan sólo unas horas mientras nos refrescamos. Es hora de cargar y estibar nuestros equipos en el barco. Repartir camarotes y, ante la bonanza del tiempo, decidimos salir.

Hacer caso a Juan, que de navegación entiende un rato, es un acierto que tendremos que convertir en hábito (que pena no haber hecho lo mismo unas horas antes, en la convergencia) en próximos cruceros. Mientras el barco navega dócil impulsado suavemente por los dos motores me duermo en el sofá de popa. Pasado un tiempo me despiertan por aquello de la cena y al levantarme siento un poco de mareo. Las gotas milagrosas de Mayte obrarán el milagro y el aire fresco de la noche hará el resto. Mientras, los demás dan buena cuenta de las ensaladas preparadas por Sonia, embutido y tortillas. Falta aún un poco más de tiempo para llegar a las islas, y procuramos descansar un poco.

Sobre las tres de la mañana, la luz del faro nos despierta. Hemos llegado. Fondeamos y nos vamos a los camarotes. Mañana, madrugaremos.

Un sol radiante nos recibe, en medio del cráter, mecidos por un leve oleaje y con muchas ganas. Lo primero, ganas de desayunar. El aroma del café va atrayendo pasajeros a nuestro “comedor externo”. Un desayuno “scubagueto style” para empezar bien el día.

Y con las baterías cargadas, empezamos a montar equipos y a preparar la primera inmersión. El Mascarat se yergue orgulloso a nuestro costado, un poco más a su izquierda la “senyoreta” y tras esta colada volcánica la pared del Mancolibre, nuestro destino. El catamarán bien organizado por Jorge resulta cómodo para vestirse y prepararse. El acceso al agua se hace desde proa. Con un salto de fe.

Luego, un compañero, te abre la grifería, te infla tu equipo y te lo lanza. Ahora, te equipas en el agua y tu compañero te lanza su equipo. Tú lo sujetas mientras él se lanza al agua y una vez se equipe, ya estáis listos para iniciar la inmersión. Bueno, pues así cuatro veces.

Tras superar los nervios de los ajustes de equipo de la primera inmersión, descendemos y nos dirigimos a la pared. No tardamos mucho en ver a los primeros ejemplares de meros, las corvinas, algún dentón despistado, chopas, salpas, alguna morena, nudibránquios, tordos, merlos y muchos más mientras evolucionan en una alfombra de algas de mil colores. Las rocas están completamente tapizadas y la luz realza al máximo este escenario. A la vez que vemos un mero enorme, Javier me indica que está a media botella. Decido llevarle al fondeo mientras el grupo sigue buceando. La visibilidad es excepcional y no quiero restar minutos de buceo al grupo. Una vez llegamos al fondeo me aseguro de que el ascenso se hace sn problemas y vuelvo para ver como siguen José Luis DC y Mayte. Él como siempre, ella, cada vez mejor.

Cuanto más tranquila bucea, más disfruta. Nos cruzamos y sigo hasta encontrar a Leopoldo, Juan, Manuel, Jesús y… ¿Dónde está Ignacio?. Trato de averiguarlo pero nadie acierta a explicarme que salió detrás mía y de Javier cuando le llevé al barco. Esta pequeña falta de comunicación costará 90 bares no retornables.

Al subir al barco, nos espera una recepción a base de refrescos, agua jamón, queso, lomo… Jorge realmente se desvive para que nos encontremos como en casa, o mejor aún. Tras este refrigerio tenemos tiempo para nadar, hacer snorkel o descansar a la sombra mientras se prepara una barbacoa. Pollo a la brasa y ensalada para afrontar la segunda inmersión del día con energía. Con las pilas y las botellas cargadas, cambiamos de fondeo. Vamos a tratar de hacer la pared del faro.

De nuevo, el salto de fe es la entrada a un mundo que sobrecoge. Con mejor visibilidad que en la anterior inmersión, descubrimos enormes meros tras los grandes bloques de piedra de esta zona. Corvinas en formación parecen esperar a que alguien las fotografíe. Hasta las langostas parecen asomarse a nuestro paso. Es, algo más que buceo en HD. Terminamos la inmersión en el enorme bloque de piedra donde se encuentra el fondeo demostrando nuestra permanencia al club de los diez y descubriendo que hay mucho más que meros.

Subida al barco, ducha y preparación para ir a tierra, a visitar las islas. Embarcamos en el pequeño auxiliar en dos tandas y llegamos a puerto Tofiño, donde nos espera el guía del parque. Una hora y media contándonos el origen de las islas, la historia de sus fareros, la fauna, la flora, su trabajo allí… Nos enseña los endemismos, el faro, artes de pesca y las impresionantes vistas de este archipiélago en miniatura. Es muy interesante comprobar cómo los fareros se adaptaron a unas condiciones de vida realmente duras. Con muy buenas sensaciones regresamos al puerto para recibir una clase de remo a la francesa y la versión marinera del “trata de arrancarlo” mientras tratamos de convencer a las autoridades de la necesidad de hacer una nocturna. No cuajó, claro.

Sin nocturna propiamente dicha, nos entregamos a los placeres de la barbacoa nocturna, la conversación nocturna y combinar buena música tumbados en la red de proa, disfrutando de un nocturno cielo estrellado.



¡¡Y qué cielo!!. Sobrecoge, impresiona, enamora.



Vemos estrellas fugaces cuya belleza enmudece hasta las “elucubraciones” de Manuel.



¿Os podéis imaginar este cielo, la próxima vez, coincidiendo con las perseidas?



Mientras reímos o participamos en las ya clásicas “elucubraciones” no puedo quitar la vista de ese cielo. Tan sólo he visto algo así de sobrecogedor en dos ocasiones. La primera, en un pueblo de la sierra de Madrid. La segunda, en la isla de La Palma, claro, que en ambas ocasiones, pese a ser de noche, tenía un sol –mi sol- a mi lado.



Esta vez comparto el momento con una pandilla de… ¡¡ que ganas tengo que llegue el lunes p…!!



Me sumerjo, esta vez en mi cubículo.


 
Son mi música mejor
aquilones
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos
del negro mar sus bramidos
y el rugir de mis cañones
y del trueno al son violento
y del viento al rebramar
yo me duermo sosegado
arrullado por el mar.

 

 Y me duermo pensando que tal vez, el pirata que inspiró a Espronceda estos versos pasara alguna noche al cobijo de las paredes de este viejo volcán, mecido por un leve oleaje y escuchando el canto de las pardelas al volver a sus nidos. Duermo tan profundamente que apenas me doy cuenta de la escapada nocturna de Manuel a través de mi ventanuco para dar un rodeo y “jugar con el joystick” de la “Play”. Ahora recuerdo en las crónicas de Raúl de Baleares lo que significa “bombear”.

Pues un bombeo más tarde todo vuelve a la normalidad hasta que el olor a café invade todo el barco. Empezamos a dar ambiente “rojo” a este crucero despertando todos e invitando a probar “el pienso”. No son más de las siete y ponemos proa  a la Foradada. Bichero, amarre y de nuevo preparando todo para el buceo. La isla guarda visibles recuerdos de su uso como blanco de artillería, incuso bajo el agua.

Podemos ver los proyectiles mientras nos dirigimos al arco. A nuestra derecha roca totalmente tapizada de algas, anemonas y espirografos. A nuestra izquierda una pantalla HD de millones de pulgadas donde vemos meros, corvinas y grandes dentones de caza. Distraídos con la programación de Columbretes TV, el contraluz del arco nos sorprende. Es una imagen bella, espectacular. Te deja sin adjetivos. Volvemos por fuera, entre grandes nacras, algas y sargos pastando. Entre arena que disimula la presencia de gobios. Volvemos tras más de sesenta minutos de inmersión en unas condiciones únicas e irrepetibles.



Con la mejor visibilidad, buscábamos la termoclina ¡¡ para refrescarnos !!.



Y no falla, al salir, refrigerio, en esta ocasión dulce, gracias a unos sándwiches de nocilla. Esto va a ser muy difícil de olvidar.
Mientras se cargan las botellas, nadamos, hacemos snorkel, descansamos y nadamos, y hacemos… hasta que nos informan que la carga de botellas está lista. Nos equipamos, saltamos y de nuevo estamos nadando. Vale, no tan rápido. Mi compañero asimétrico de libre asociación, bien por represalia noventabaresca o por descuido, o por las voces que escuchaba en su interior decide tirarme el equipo con la griferia cerrada y sin inflar, con lo que, no puedo hacer otra cosa que mirar con cara de... mientra veo como llega hasta el fondo. Tras las amenazas oportunas, retomamos el ansia viva por bucear y, esta vez nadamos en dirección contraria llevados por una corriente que cada vez toma más fuerza.

Tratando de esquivar los caprichos del mar, cruzo en perpendicular, buscando las rocas, pero la corriente sigue. Tenemos que dar aletas hasta llegar al fondeo y dejar allí a los más afectados por el esfuerzo. Reagrupados, buscamos las dos barras que nos ha comentado Jorge. Las encontramos y, desde luego, los consejos de nuestro capitán han sido acertados. Menudo final de inmersión. Dentones, meros que por las señas de Manuel parecen morlacos de quinta de feria, sargos y más sargos, y de repente, un pez luna que parece venir, no a despedirnos, sino a preguntarnos cuándo volveremos.

Las obladas se están dando un festín con dos cinturones de Venus llegados de las profundidades que también ha traído tcenoforos que servirán para iluminar nuestra parada de seguridad. Volvemos al barco y tras el último refrigerio del fin de semana estibamos los equipos y ponemos proa al puerto de origen.

Una navegación tranquila donde puedo descansar y dormir, a la sombra de la Génova, en la red, en el salón o en la cubierta preparando el viaje de vuelta más descansado de la era scubagueto.

Descubrimos en el camino un nuevo lugar con barbacoa 24 horas para descansar y tras beneficiarnos de la gratuidad de las radiales llegamos a Madrid. Descubicamos los coches y nos despedimos. Columbretes ha pasado, en el horizonte, vemos las inmersiones de Cartagena, pero eso, será otra historia.


"Siempre escribiré para que no se olvide lo que hemos pasado juntos.

No me duele lo que hemos dejado en el mar, duele la espera. Puedo encontrar alivio recordando lo vivido.


Aquellos que quieran sentir algo parecido, tendrán que bajar… ¡¡¡ y verlo !!!



 

 
AGRADECIMIENTOS

José Luis DC: Manos y gotas milagrosas en las que confiar.
Mayte: Un gran esfuerzo para disfrutar buceando. Un reto superado.
Leopoldo: Nuevo en esta plaza. Ya sabe lo que le espera en el Rojo.
Manuel: Noventa bares no retornables que confluyen o convergen.
Juan: Descubridor de la termoclina refrescante
Javier: ¿Te hemos dicho que hemos visto un pez luna?
Jesús: Disfruta en un barco más que Mcguiver en bricomania
Ignacio: Otra botellita de reserva en potencia.



 
A Jorge, capitán, cocinero y alma de esta singladura.


 

 
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