CARTAGENA: EL LUGAR DONDE EMPEZARON LOS COJINETES ESTROZAOS, LOS MUTANTES Y LAS NOCHES MÁS CÁLIDAS
Cartagena nos ha sorprendido. Hemos visto una zona de buceo con mucho potencial. Hemos disfrutado de largas inmersiones muy variadas con muchas sorpresas y en un ambiente de total… anarquía.
24/07/2012
No ha sido cosa de un solo día. Decidirnos por proponer una escapada en las aguas de Cartagena ha costado mucho tiempo, muchas consultas, muchas tardes debatiendo ventajas e inconvenientes. Y no sólo con los responsables de Bubbles (la base de buceo que elegimos), también entre nosotros y por supuesto con muchos y buenos amigos como Javier, una de las personas que más conocen las aguas de la región de Murcia y cuyos consejos valoramos mucho.
Las experiencias de Luis y Alma, que por coincidencia bucearon allí (incluso hicieron su curso OWD) recientemente y mis recuerdos de abuelo Cebolleta (los menores de 40 empezar a consultar la wikipedia) hicieron que, finalmente, programáramos todo para el fin de semana que comenzaba el viernes 20 de julio. La verdad, de inicio, la respuesta fue muy positiva y en muy poco tiempo completamos todas las plazas previstas, dejando a seis scubadictos en lista de espera. Con todo cerrado, como siempre, ya sólo quedaba esperar que llegara la fecha.
Y la fecha llega de manera inexorable. Sin apenas descanso tras el fin de semana de Carboneras y con una semana complicada por los horarios de los cursos ya estamos preparando bolsas de buceo para el tradicional “cubiqueitor”. Poco a poco el garaje se llana de coches y la tienda de bultos. Cuando llega el último, mejor dicho, cuando LA última buceadora pasa bajo el cartel de Zona es hora de empezar a cargar la scubamovil. El retraso acumulado hace que optemos por comer en la tienda los sándwiches que nos preparan en la pastelería de la Oca, por aquello de llegar a tiempo a la nocturna. Justo cuando la última mini-pizza es devorada, el cubicaje ha finalizado (huelga añadir que con éxito) y estamos preparados para salir.
De nuevo, lo último que vemos es a Sonia despedirnos. De nuevo vamos dejando la iglesia, la comisaría, las rotondas. De nuevo en carretera. Unas horas antes han salido Manu e iLona que comparten coche con Luis Carlos y Sergio. Mar viene sola porque de Cartagena tiene que ir a Gandía (fiesta otra vez). La scubamovil va hasta los topes, haciendo hueco para Pepiño, que aún no sabe que está a 48 horas de comenzar su camino para llegar al conocimiento de la verdad universal del buceo.
Llegamos a La Unión, para intentar fijar los horarios de desayunos (se cumplen a rajatabla) comidas (no se cumplen ni de coña) y cenas (prffffffffffffffff). Yo, cada vez estoy más convencido que nuestra manera de entender el buceo nos ha reparado el “karma” o algo así, porque es muy frecuente encontrarnos con gente que se desvive por atendernos a todas horas.
Un poco más tarde, tras repartir habitaciones, volvemos a ponernos en ruta y recorremos el camino que nos separa de Cartagena. Llegamos a la Dársena de la Curra, pasando junto a la Infanta Elena y recorriendo toda la longitud del Camino Español. En el pequeño muelle, bajo el faro, se encuentran las instalaciones de Bubbles. El muelle está muy concurrido: parejitas, curiosos, ciclistas y pescadores de caña de esos que nos alegran las inmersiones abandonando sedales y dejan un aroma inconfundible en los sitios que frecuentan.
Superado el primer momento de rechazo, entramos a las instalaciones. No es un centro de buceo, es una base que cuenta con lo mínimo para comenzar desde allí las inmersiones. No tardamos mucho en cambiarnos, equiparnos y subir a la barca. El ambiente de buceo comienza a sentirse mientras cruzamos el puerto pasando ante lo que parecen huecos para artillería derechitos hasta el nuevo muelle, con la isla de Escombreras al fondo. Totalmente protegidos del viento, llegamos a nuestro destino: el bajo de la Bola.
Con una maniobra precisa, amarramos a uno de los hierros que sobresalen del faro que marca este bajo. Aún hay luz, por lo que, nos equipamos sin prisas. Entramos al agua que está, por fin, caliente. Muy agradable, tranquila. Ahora, que el sol ha dicho basta, la luz proviene de las instalaciones de la refinería y de los barcos que hay amarrados al muelle. Cuando estamos listos, descendemos.
El bajo es una especie de aguja, que permite una orientación fácil. Colocamos un estrobo y llegamos al fondo, a unos 4 metros. Comenzamos a explorar las numerosas grietas y vamos descubriendo todas las criaturas de la noche. Lo primero que nos llama la atención son dos pulpos que andan litigando por una grieta. Más tarde una escórpora nos sorprende alimentándose de la nube de misidáceos que son atraídos por nuestras linternas. Cangrejos, anémonas, espirógrafos, merlos que buscan un lugar donde dormir, morenas, castañuelas, bonelias… Desgraciadamente, la inmersión se hizo en modo “centro Comercial en rebajas” y no permitió una exploración tan detallada como en ocasiones recientes. No obstante, es otro motivo para volver.
Tras 60 minutos de inmersión, ascendemos y subimos al barco. Toca volver. La vista de Cartagena iluminada al fondo es bonita. Con agilidad, recogemos todo y nos montamos en los coches. Hay que llegar a la Unión a cenar. Y en la Unión cenamos porque Antonio nos está esperando. Son las doce de la noche y nos atiende sin perder la sonrisa. Tras cenar no hay ni tiempo ni opciones, de manera que vamos a descansar, porque el sábado puede ser bastante exigente. Los hay que se recorrerán casi un kilómetro en la búsqueda del mojito. Desde estas líneas, nuestro reconocimiento por su aportación a la causa scubagueto.
Mañana soleada, calurosa, tranquila. Desayuno en grupo tratando de integrar a Pepe, trabajo, por otra parte, no demasiado complicado. Con triples sentidos y anécdotas terminamos el desayuno y volvemos a la Curra. Allí ya nos esperan Raúl y Pedro (los de Bubbles) para llevarnos a la isla de las Palomas. Buscamos una cara a resguardo del viento y lanzamos el ancla. De nuevo muy buenas sensaciones. El fondo es más que prometedor con una gran presencia de algas y grandes bloques de piedra que refugian bastante cantidad de vida. A los 15 metros de profundidad la termoclina se hace notar bajando la temperatura de 25º a 18º. Realmente no hay que bajar mucho para disfrutar de lo que este punto de inmersión nos ofrece. Recorremos toda la pared, entre nubes de castañuelas y bogas presionadas por algún dentón, sin perder detalle gracias a una más que buena visibilidad. Las paredes están llenas de planarias y los nudibránquios se mecen en la parte alta de las algas. La inmersión ha sido sorprendente, y el punto de buceo nos parece muy completo y con mucho futuro ya que, pese a estar más de una hora buceando apenas hemos recorrido una pequeña parte de la isla.
Las caras felices y el ánimo besucón indican que las cosas han ido bastante bien. Tanto que remoloneamos un poco antes de subir a la barca. Al subir otra sorpresa, nuestros las botellas han sido cambiadas por el personal de Bubbles, un gran detalle que repercute en nuestra comodidad y confirma que hemos vuelto a acertar. Con todo listo, el grupo decide cambiar de sitio y explorar los pécios del CBA. Un remolcador y el fuselaje de un Harrier en aguas turbias, con un fondo de arena muy fina que conviene no levantar. Ambos “hierros” acumulan una enorme cantidad de vida, entre la que podemos destacar una nutrida representación de Anthias, centollos, alfonsitos, rascacios, planarias y por encima miles de bogas, castañuelas y chopas. La arena no se queda atrás y en la popa del barco, encontramos tres tembladeras de buen tamaño. Pese a no contar con buena visibilidad y una temperatura del agua en torno a los 17º la inmersión ha resultado bastante interesante.
Hay que regresar al puerto, cambiarnos y salir disparados al restaurante donde encontramos nuestra mesa reservada una hora más tarde de la hora prevista. Tenemos un poco de tiempo para cargar focos antes de repartirnos entre los coches para hacer una “siestiplaya”, lo que viene a ser perrear, pero en ruso. Baño, siesta, sol y chiringuito antes de la nocturna que se avecina. A estas alturas, Sergio ha cortado el cable rojo, y el azul y el alambre y su blacberr… ooouch.
El tiempo pasa rápido y en menos de lo que Mar cuadra su Astra estamos de nuevo en la Curra, cargando botellas, probando linternas y navegando proa a la isla de Escombreras. Entramos por el canal y fondeamos. Una vez comprobamos que no hay fugas de metano, comenzamos a bucear.
Esta vez si dejamos que corra el agua entre las parejas y eso nos permite bucear de manera tranquila, registrando cada grieta, cada roca, cada cornisa y cada arenal. Y esta vez sí disfrutamos. Estrellas de mar y erizos que pasan la mañana enterradas en la arena salen de paseo y aunque no hemos visto las chicharras, si hemos disfrutado de la presencia de varias liebres de mar de gran tamaño y muchos nudibránquios. Como no, ermitaños, ceriantos, espirógrafos de todos tipos y colores, gambas que vigilan las cuevas donde residen morenas y mucho, mucho más. Otra vez me he ganado mis ocho y todo esto, sin salir del canal. Una delicia de nocturna que se prolonga mucho más allá de los 60 minutos.
Pese a estar rápidos en el centro, llegamos al hotel pasadas las doce y media, y, allí encontramos de nuevo a nuestro querido Antonio, atendiéndonos. Esta vez, el cansancio acumulado desaconseja recorrer la media maratón mojitera y todos vamos a dormir.
Domingo. Son las ocho y media y estamos desayunando. Hay que dejar el hotel, cargar los coches y hacer por última vez el camino de la dársena. Victor está a tan sólo dos inmersiones de conocer la verdad universal de buceo, aunque estar, está.
Hoy toca descubrir el bajo del Espeque. Otra inmersión que promete mucho y de la que recorrimos una pequeña parte. Hay una corriente que llega a incomodar, en especial en el ascenso. Como ya es habitual en nuestra anarquía sub, ascendemos con el ordenador señalando más de 60 minutos de inmersión. Tiempo compartido con morenas, pulpos, rascacios y dos colonias de anthias mucho más numerosas que las del remolcador. Todo un espectáculo en rosa pálido.
La última inmersión la queremos hacer a la “caribeña”. Para eso, buscamos refugio en el canal desde donde saldremos para recorrer la pared de la isla de Carboneras hasta que nos recojan. Pero mientras esperamos en superficie buscando la seguridad de un buen intervalo notamos como el mar cambia. La ola que bate la pared complicará las maniobras de la barca cuando recojan buceadores. No es aconsejable y no merece la pena arriesgar. La seguridad es lo primero. De modo que hacemos caso a Pedro y haremos la pared llamada del Gran Capitán.
Esta inmersión consiste en salir del canal y seguir recorriendo la pared a nuestra derecha descubriendo una gran cantidad de vida. Cuando la corriente aumenta es la hora de regresar a la seguridad del canal, donde apuramos nuestros últimos minutos de esta primera escapada a Cartagena.
No pienses que en esta ocasión no hemos dado rienda suelta a nuestro espíritu scubagueto. Podríamos contar lo de Rafa y sus mutantes, la ola de erotismo que nos invadió en la isla de las Palomas y de la que no escapó nadie, de los primeros temas de los Cojinetes Estrozaos, de la inclusión de Alma en el club 10 bar, de la revolución anarquista del 22J, de las ocurrencias del “sombrilla ” de la mora y el te voy a hacer un happy, del gossa gossa, de la verdad universal del buceo a coro…
Os quedan TRES este verano... puedes esperar a que te lo contemos, pero yo te recomiendo que bajes a vivirlo.
Cartagena ya es historia, el velero a Columbretes es el futuro. Pero esto, será otra historia.
No vamos a enseñarte nada que no sepas, tampoco aquello que no quieras aprender.
Lo nuestro no es hacer inmersiones, lo nuestro, es bucear.
La seguridad, la confianza y el compañerismo son los pilares de nuestra casa, por eso, no le tenemos miedo al fuego, pero sí a las cenizas.
AGRADECIMIENTOS
Luis: Sácate, la cera las orejas…chunda, chunda, chunda… yeah¡¡¡
Alma: Miembro de pleno derecho del club 10B. Ha costado lo suyo.
Julio: Rosendo Bolton. Espero que hagas tanto líquido para que puedas venir al rojo
Rafa: Un kilómetro buscando mojitos, eso es scubagueto.
Pepe: Su primera nocturna justo antes de ser OWD. ¡¡Que fuerte!!.
Sergio: Mi compañero de segunda unidad al 50%. Es como un cráter. Siempre está en la luna
Luis Carlos: Es el que siempre va con Sergio y tiene la culpa de todo
Mar: Otro de los mejores fondos que he conocido, pero cuadrado, muy bien cuadrado
Rosa: Una copiloto coscorróna con un problema con las rayas… continúas
iLona: El fin de semana empezó “lasha”pero terminó bien. Ya tuve mis ocho, ahora quiero mis 40 y ojalá me des 1.000
Victor: Deja hablar a los demás un poco, ¿no?
Manu: Serrín que se convertirá en leño, ¿vale tronco?
Al Staff del Centro de Buceo Bubbles de Cartagena
Carlos, Pedro y Raúl. Por estar al siempre al lado de la revolución anarquista.
Al personal del hotel-restaurante Sierra mar de la Unión
Francisco y Antonio. Por esperarnos para atendernos.
Zona de inMersión
"En los fondos de Cartagena, tambien fuimos los mejores"