CARBONERAS: CON VIDRÍOS PORLIZOS SE RECONCOVA MUCHO MEJOR. QUE SE JODA EL SOL
Un lugar privilegiado, donde sorteamos el “efecto Tocayo”, comprometimos a “LAS” mejores agentes de la guerra fría, sorprendimos a un pulpo cleptómano y todo esto, sin acritud.
17/07/2012
Que ganas tengo que llegue el lunes para perderos a todos de vista. No aguanto ni un minuto más en…
Y el lunes llega. Busco un momento tranquilo, un lugar apartado, y trato de recordar y ordenar todo lo ocurrido durante el fin de semana. En ocasiones, como ahora, que ni siquiera el cansancio acumulado me hace coger el sueño (cosas del café de bar y de la bebida energética) aprovecho para escribir, para tratar de llevar a la pantalla del ordenador cada momento, cada anécdota, cada situación. Lo más complicado, es que los que no habéis compartido estas horas lleguéis a comprender lo que hemos vivido. Que, de alguna manera, participéis en cada escapada. Tras muchas crónicas a mis espaldas, he llegado a la conclusión que va a resultar muy complicado.
Pondré la mejor de las intenciónes en el empeño, pero, por muy bien que escriba, si de verdad quieres vivir estas experiencias,
lo mejor, es bajar y verlo.
Comenzamos:
Los viernes son iguales, pero no monótonos. Poco a poco, van llegando todos los que nos acompañarán en la scubamovil (250.000 kilómetros en sus ruedas), los que vienen a recoger equipos, o, los que han quedado en Zona porque van a compartir coche y viaje. No es monótono porque siempre reina un excelente ambiente donde las risas y las anécdotas se cruzan y alimentan el imaginario común animando a participar en la siguiente, de manera que, el gesto más común cuando se informa de las próximas escapadas es consultar la agenda, a ver si…
Esta vez la historia no empieza en nuestro garaje, sino en el taller de Dani, cambiando las castigadas ruedas traseras de nuestra querida scubamovil. Sé que ahora mismo, a estas horas de la noche, puedo andar un poco espeso y no esté muy fino a la hora de “
cubicar” este texto, pero si en la crónica de Columbretes fue de justicia hacer un agradecimiento especial a Mercedes, en esta, no podemos empezar sin agradecer a Dani los esfuerzos por conseguir en tan poco tiempo el calzado para la furgo.
Es un orgullo que gente así, apueste por esto que llamamos “scubagueto”. Gente así, hace que tanto trabajo merezca la pena.
Sin vibraciones, llego hasta la panadería de la calle de la Oca y hago acopio de sándwiches y pizzas. Al filo de las 12:00 regreso a Zona y empezamos a los dos “cubiqueitor” de cada fin de semana. Por un lado, “estibar” los vehículos en el garaje, y por otro, cubicar los equipos en el maletero de la scubamovil. Las horas de Tretris parecen haber dado su fruto y cada vez tenemos más experiencia.
Ahora bien, no dejo de sorprenderme… vamos a ver si lo puedo explicar...
Miro a la tienda, donde en el suelo están todas las bolsas, de buceo y personales. Miro al maletero, visualizo y empiezo a cargar: esta así, gira esa, mejor de lado, esta arriba, esta encaja aquí, esta adelante… de pronto miro de nuevo a la tienda y ya no hay bolsas en el suelo, todas están cubicadas. Un logro, pienso.
Sonia, que empieza con su “fin de semana negro” pasa, echa un vistazo y con cierta sorpresa, y dice: - ¿Dónde está los equipos de Estelle y de Jesús?. Más sorprendido que ella, respondo: -Uuuuups, cubicados, en lo más profundo del maletero, inaccesible, no se pueden descargar ya - . Pues nada, nuevo record, 8 personas y 12 equipos de buceo. No está mal para empezar la jornada.
Venga, todos arriba que nos vamos. Claudia, que ha venido a la tienda para ver a los buceadores nos despide desde el balcón. Es la última imagen que veo por el retrovisor exterior, porque, por el de dentro, tan sólo acierto a ver una masa negruzca de equipajes entre los que, ocasionalmente se filtra algún rayo de sol. Bordeamos la iglesia cuando Manu confirma que se ha dejado el “aifon” en el coche, que está en el garaje, tan sólo a cuarenta metros del punto de no retorno. Ha tenido suerte. No habrá castigo corporal que deje marcas para paliar su error porque aún tiene restos de la “pitiosis” de la última vez que la metió.
Esta la dejo botando, para los buenos elucubradores…
pero que conste que yo me refiero a “meter la pata”
De nuevo “dejavú” rodeando la iglesia y dada la hora, A42, R4, AP36 donde paramos para dar buena cuenta de los sándwiches, recoger un par de moscas y de allí, Albacete, Murcia, Sangonera (café de bar, no de gasolinera) hasta llegar a Carboneras. Muy cansados y total y absolutamente desmotivados y desganados. En el centro ya nos esperan Mayte, José Luis e iLona, Ismael, Mariví, Jose y Nieves. Yo ya me pierdo con tanto nombre. Sé que María, Coco y su pitón vienen detrás y en carreta se nos han aberronchado Jesús que viene acompañado por Estelle, que nos ha saludado al pasar a su altura, pero que no sabemos como nos despedirá.
Teníamos propuesta una nocturna, pero no veo muchos ánimos, la gente esta baja, cansada, con ganas de sentarse. Esto ha pasado factura y tan sólo nos equiparemos 14 (de 23) buceadores más nuestro “Tocayo” y Elvira al volante. Muy poca gente. Pero bueno.
Mientras me cambio y monto el equipo, recibo la confirmación que tenemos un agente doble, un “topo” cibernético que ha filtrado información clasificada a ciertos elementos subversivos llegados del frío norte (más concretamente del frío Algete, población ubicada al norte de Carabanchel) dando a conocer secretos acotados vulnerando el principio universal de “lo que pasa en la scubamóvil…”
La nocturna comienza con Manuel desesperado por haberse perdido tres o cuatro escapadas. Por supuesto, nosotros, conociendo lo sensible que es, apenas le recordamos esta situación. Llegamos al puerto, descargamos la furgoneta y dejamos tranquilo (por los coj…) al Tocayo mientras estiba el barco. Si esto es lo que echaba de menos, este fin de semana va a tener sobredosis de scubaguetismo. Confirmamos tras votación democrática (en el sentido scubagueto del término “democrática”) que nos aberroncharemos en “Las Corvinas”. Hacemos el brieffing, descendemos y empezamos a navegar. A mi lado, casualmente, iLona y Miriam, tras de mí, Tocayo y al fondo, las luces de los que prefieren la arena.
Vamos muy despacito, revisando a fondo cada grieta, donde se esconden los ermitaños y las ofiuras. Hay miríadas de pequeños peces entre las rocas y respetamos el sueño de petos, abades y serranos. Las pequeñas escorporas esperan camufladas algún despistado que les sirva de cena y entre las algas, nos llevamos la primera gran sorpresa: un enorme nudibránquio que parece estar de puesta. Ciertamente, a la mañana siguiente, entre las algas y la arena, encontraremos muchas cintas de color crema que tratan de asegurar la biodiversidad de la zona. Cangrejos de terciopelo, gambas lady escarlata, ermitaños pequeños, dárdanus, bonelias, thor, anémonas de mil formas y colores, ctenoforos, ceriantos, morenas, alfonsitos con la boca poblada de nuevas generaciones, gobios, algas con forma redondeada y color grafito, vida, mucha vida. Llegamos hasta el viejo ancla incrustado en la roca. Es tiempo de dar la vuelta. De vez en cuando veo los ojos abiertos y expresivos de iLona. Mucho tiene que cambiar esto para que me quede sin mis ocho.
Por otro lado, Miriam, sigue progresando, y cada vez es mejor. Estoy seguro que para cambiar de dirección sólo mueve las cejas. ¡¡¡ que bárbaro !!!. No puedo dejar de comparar la Miriam que llegó a estas mismas aguas hace algo más de un año, dejando cegado a Tocayo en el arco con la buceadora de ahora. ¿Quieres bucear bien?, fíjate en Miriam. Ascendemos y en cuanto la “andarusa” (un abrazo para ti, Cesar) saca la cabeza del agua confirmo que tendré premio. Realmente, para mí ya es suficiente premio ver las caras contentas en el barco, esto, es una “prima”.
La vuelta transcurre entre risas, satisfaciendo la curiosidad de todos ante el micro cosmos que se ha abierto ante sus ojos y con Elvira tratando de evitar nuestros intentos por aumentar la velocidad, ya que, tan sólo tenemos dos cosas en la mente CE-NAR.
Y llega la cena “que no nos falte de ná” y con la cena más y mejor ambiente, muchas más risas, mucho más ali-oli. Tanto se nos ha alargado la sobremesa que no tenemos tiempo para los mojitos. Vamos directamente a la cama. Preparo la cámara, cargo los focos. Sonia, Aladino (Aladino por lo del genio, ¿tú también te has dado cuenta, verdad?) y yo nos acostamos y procuramos descansar ya que, el día será más largo que el campo de Oliver y Benji.
Supersalidos y Megaentrados (que para esto hemos hecho un concurso mundial para denominar grupos de buceo) coincidimos desayunando. Hay poco viento, muy poco y el mar aparece plano, tranquilo. Nos damos prisa para equiparnos y copamos el barco grande de buceo Carboneras. Nos dividimos en dos grupos. Por un lado, los aspirantes a OWD y por el otro, el resto de sospechosos habituales. Nosotros tenemos intención de recorrer la pared, y si la cosa va bien, tratar de llegar al cráter. Los otros, van a ir directamente a… la arena.
Una tranquila excursión por unos fondos de arena blanca con aspecto tropical donde encontrarán una linterna perdida hace más de un año, junto a un enorme pulpo cleptómano y que, ¡¡¡ aún funciona !!!. No tengo referencias de esta inmersión donde lo más importante era encontrar madera. Por nuestra parte, hemos encontrado un cráter repleto de vida, pequeña y no tan pequeña. Pero hemos encontrado (por que están, ya te digo yo que están) dos nuevos buceadores que se desenvuelven con algo más que soltura. Lo de Aleix era esperado, pero cada vez que me giro y veo a Beatriz, recuerdo como empezó su curso, compruebo como lo está terminando y una sensación muy buena me sube desde la punta del pie hasta la última burbuja que sale del regulador. Cuando hay ilusión, un poco de esfuerzo y un buen trabajo se termina por ver el resultado.
Aunque no estaba previsto, de manera natura,l los alumnos vacían máscaras y cambian de regulador con mucha destreza y soltura. Hemos visto de todo, hasta un mero. Abades, falsos abadejos, pejepeines (galanes, raors…) nacras, ermitaños, grandes nudibránquios (nosequedoris), jureles, albacoras… terminamos entre la posidonia, junto al fondeo y ascendemos. Las mismas caras sonrientes, el mismo premio. Regresamos al puerto. Cambiamos botellas y optamos por hacer la segunda inmersión en las Corvinas. El mismo lugar que en la nocturna. Con algo más de viento pero sin resultar molesto saltamos al agua.
Comenzamos el descenso y llegamos a la arena, mucha arena, areneros, arenales. Hay una explosión de vida. Por aquello de no quedarse quieto en plena termoclina nadamos entre corvinas, sargos, bogas, salpas, meritos descarriados, millones de alevines que son perseguidos por serranos y obladas, nudibranquios, cangrejos, anémonas y mucha más vida. Buscamos el esquivo pez luna (lo vimos en el centro de buceo, lo vimos sobre los barcos, pero no bajo el agua) sin suerte y llegamos al fondeo. Los de 50 arriba, los del “10bar club” que se queden por aquí, los que jamás ganarán un sorbete, otra vez al tajo.
Ismael, Mariví, Miriam e iLona volvemos a inspeccionar la cara “B” de las corvinas. Otra más de lo mismo. Regresamos al fondeo, al barco, al puerto , al centro y al restaurante. Allí, me doy cuenta de que los ojos de Dimas reflejan la extraordinaria sensación de un buen… placaje de máscara.
Bueno, bueno, al parecer vamos a tener más blancos móviles. Resumamos: por una parte tenemos al Capitán arenas y por otra al Duncandú (por lo de los ojos negros). Comemos, rápido porque queremos descansar, creo que nos hemos ganado esos veinte minutos. Le digo a Dimas que eche un ojit…ooooooouch.
Tras veinte reparadores minutos, ya estamos abajo, dispuestos a dos nuevas inmersiones. El mar ha cambiado. El viento ahora sopla del norte, obligándonos a buscar refugio en la pared. Los dos barcos de Buceo Carboneras están llenos de scubaguetos deseando volver y/o empezar a bucear. De nuevo dos grupos. De nuevo descenso para ver una enorme cantidad de vida. La segunda inmersión será “romántica” ya que, sabemos cuando la empezamos, pero no cuando la terminaremos, aunque todo apunta a que al salir, ya no veremos sol. Estelle se viene con nosotros, ya sabemos que, la primera vez…
No quiero alargar mucho más una crónica que cuenta con siete inmersiones, por lo que, tras confirmar que disfrutamos de inmersiones bastante agradecidas, con mucha vida pequeña y alguna sorpresa rápida en forma de albacoras tras las cuales regresamos al puerto con excelentes sensaciones. Al regresar al centro, con todos sentaditos a la mesa del bar de tapas proponemos hacer una nocturna "de verdad" a la que sólo se apuntó Manu sin apenas dudar. Una buena broma.
A la hora de la cena todo el grupo está reunido. Es nuestra segunda cena, hay más confianza, más compañerismo, desde mi lado de la mesa apenas escucho las famosas “elucubraciones” pero por las risas que vienen desde ese fondo adivino que se trabaja a pleno rendimiento. Si además a su lado se encuentra Villa con el Agamenón o los porlizos el buen ambiente está asegurado.
Yo converso animadamente con Ismael (otro de los que se vienen al Rojo), con Nieves con José (que de toda la vida del señor le conozco como Vallekas) y con iLona (nomesaquedemicasitaaaaaaa) de temas más serios (nomehagasnaaaaaaaaaaaaada) referentes a la biodiversidad (nomecooooooooomasnomecoooooooomas) y a la conciencia (dejameeeeeeeeeconmimamaaaaaaa) ecológica del colectivo de buceadores. Por unos momentos llegue a temer que la abierta sonrisa de iLona quedara borrada. Cosas de la guerra fría.
Tras la cena, demostrando el poco aprecio que le tenemos, para acompañar a nuestro Tocayo a tomar algo sólo aguantamos Peña, María, Alberto, Jesús, Estelle Miriam y yo.
Otra sesión con el camarero de Memento en una agradable terraza donde se empezaba a levantar el viento. Tras una agradable conversación, regresamos al hotel, a descansar.
Porque, aunque el día haya amanecido con algo de viento y nublado, las ganas de bucear no han ido al merme, más bien todo lo contrario. Nos apartan de la terraza y de los poligoneros y nos dejan desayunar en el restaurante, un pedazo de buffet con el atractivo de controlar totalmente la situación por incomparecencia del INSERSO.
Llegamos al centro. Dividimos los grupos y los Supersalidos bajan al puerto, dispuestos a rapelar hasta el barco desde lo alto del muelle. Esto sí es extremo, buceo y escalada todo en uno. Los Megaentrados los vemos desde el centro mientras preparamos nuestros equipos. De repente, aparece Mirian que ha decidido venir con nosotros… lo dejamos ahí, en lo alto.
Y de nuevo disfrutaremos de unas excelentes inmersiones, la primera, para demostrar a los avanzados los síntomas de la narcosis, la segunda, para visitar el motor y la cantidad de vida que pueden llegar a generar unos cuantos kilos de metal hundido donde más cubre. Muchas sorpresas agradables antes del ascenso y del regreso a puerto, justo antes de que entre el temporal de viento previsto. Pero siempre hay tiempo para comprobar cómo se aberroncha Miriam al balón de la Zodiac (Manu no supo, evidentemente, no) y explicar la importancia de lo que hemos visto.
Ducha, recogida de equipos, foto “scubagueto” (que rule esa copia), cubiqueitor y entrega de titulaciones… y mejor lo dejo aquí, no vayamos a hurgar... que luego...
Una vez más, cantamos a coro la verdad universal del buceo que se han ganado a Pulso Aleix y Bea (empalagosos a más no poder…) con los que esperamos volver a contar ya como buceadores titulados en próximas inmersiones.
Si la primera dedicatoria era para Dani por sus atenciones, la segunda tendría que ser para iLona por su compañerismo, pero, la tercera, forzosamente, ha de ser para Mirian, que aguantó lo que pudo con una broma que se nos pudo ir de las manos.
Y sí, Mirian, definitivamente te has ganado la dedicatoria de esta crónica.
Regresamos a Madrid, con el vídeo demostrativo de la insolidaridad, con ronquidos en do mayor, canciones de cabreros, una parada técnica en un bar sacado de películas de Tarantino y mis nuevas gafas que polan el relufao y como no te calurcian el milocho, te angulan la vista pero se refractarían por el ojo bóvedo entonces el sol se te reconcava dentro pero al refractarlo con un vidrio porlizo se da contra él. Es decir, que no veo ni el navegador, ni el arradio ni el manos libres.
De nuevo, el mar queda atrás, en el horizonte, la próxima escapada a Cartagena, pero eso, será otra historia.
Si es complicado contar todo lo que ocurre en estas escapadas, cuando se mezclan algunos sentimientos (con los debidos permisos) entiendo que ni siquiera los más curtidos en escapadas se queden con el 100% de lo sucedido.
En el mar, nuestras estrellas no están tan lejanas. La vida no se detiene cuando el sol agoniza. No hay amores imposibles ni pecados que roben la calma. Más que la voz, son los ojos y más que los ojos, es el alma. Que se joda el sol.
Vallekas: El de toda la vida, aunque faltó magia.
Nieves: Una gran alegría volver a bucear juntos
Estelle: No ha estado mal para empezar, ¿verdad ?
iLona: La verdad, se hace raro ver cómo se va en otro coche.
Mónica: Esto es así, como concepto, pero así.
Jose Alberto: Chacho, o afinas más el acento…
Manuel: Esta te la guardan, tío.
María: Por fin, ya era hora. Os esperamos en la Azohía.
Alberto: Quió, la pitón aragonesa de vuelta a su casa.
Dimas: No te enfades, ánimo, y mantén la mirada seren… ooouch
Villa: Te voy a dar a ti cristal porlizo... Hasta agosto… ande encuentro yo un conpiloto asín.
Jesús: Ahora empiezo a pensar que disfrutas del buceo.
Javier: Aquí tendríamos que escribir lo que le contaste a Villa… tarde o temprano, se acordará
José Luis. Es un placer bucear con un compañero como tú.
Mayte: Sólo orientación, sólo orientación, sólo orientación…
Manu: El capitán arenas buscando madera. El aboyao, decoman ¿Cartagena?
Bea: De sentarse al borde de la piscina, a sentarse en el balón de la zodiac. Gracias
Aleix: Vale ya hombre, que corra el aire, que eres como el flan, dulce y directo a las caderas.
Ismael: Buceando, otro que se mueve a golpe de ceja. Se curra norte y sur, algo aprenderemos.
Marivi: Procuraremos que contacte con otra de la tierra de las puñalás en cartones
Churro: Por favor, regístrate o no sé como acabaremos por llamarte...
Al personal del Hotel, Restaurante y Cafetería Felipe de Carboneras:
Porque, otra vez, no nos falto de ná
Al Staff del centro de Buceo Carboneras:
Wilson, Estefi, Ángel, Tocayo, Carlos y Elvira.
Por ser… por estar… por intentar… por tratarn… una vez más, un abrazo.
De nuevo a Daniel y a su taller Claxon Ande
Si ya digo yo que en el gueto no hay mala gente.
Y esta vez, sí que sí, agradecimiento y dedicatoria especial, muy especial…
A Miriam
Una “botellita” que ha demostrado tener un corazón enorme gran reserva y mejor fondo.
Desde esta página, nuestro reconocimiento y todo nuestro cariño. Un fuerte abrazo.
Zona de inMersión
“Incluso a través del vidrio porlizo, se ve que somos los mejores, porque tenemos buen fondo”